
Los jugadores que consiguen un major pasan a formar parte de una lista que incluye a los mejores de la historia. ¿Por qué funciona así? Porque esos cuatro torneos que se disputan anualmente son los que mayor tradición y dificultad entrañan. Suponen las mayores hazañas que se pueden conseguir en este deporte porque se demuestra, a cada edición, que requieren un mayor nivel de juego que el resto de torneos regulares. Los greenes acostumbran a ser los más rápidos, el rough está más alto y siempre cuentan con los mejores jugadores del mundo entres sus participantes.
Las grandes historias en el deporte profesional cuentan con ese factor de dificultad, imprescindible para alzar un mecanismo tan simple como golpear una bola a la superación personal, el sacrificio de horas de prácticas; el momento en que el deporte pasa a ser algo más. Luke Donald nos mostró este año la dificultad que entraña ganar dos órdenes de mérito, rayando la perfección en veinticinco torneos alrededor del mundo. El European Tour y el PGA Tour son competiciones muy exigentes, por eso ser el mejor en ambas es un hito que sólo el inglés ha conseguido en los últimos años. Por eso llama la atención cómo Ai Miyazato ha ganado la Orden de Mérito del Circuito Europeo Femenino con tan sólo dos torneos jugados.
Parece un error de concepto gravísimo, y darle valor se antoja complicado. Al otro lado del Atlántico, Yani Tseng queda primera en la lista de ganancias del LPGA Tour con 22 torneos jugados. En unos años en que encontrar patrocinadores para organizar eventos deportivos supone una ardua tarea, parece imprescindible contar con que las jugadoras se comprometan con los circuitos en los que participan. ¿Cómo es posible que se dé entonces una situación como la de Miyazato?
Para formar parte del Ladies European Tour, lo único que tienen que hacer las jugadoras que ya pertenecen al LPGA Tour es apuntarse y jugar cuantos torneos crean convenientes, sin respetar un mínimo anual. Esto hace que ganando un major puedas ser la primera clasificada en la lista de ganancias, justo lo que hizo la japonesa en el Evian Masters y obteniendo 487,500 dólares como premio.
Cuanto mayor dificultad entrañe un reto deportivo, mayor valor y repercusión tendrá. Lo que el Ladies European Tour consigue no marcando un mínimo de torneos anuales es que nadie se fije en su lista de ganancias, con lo que se pierde lo que podría haber sido una bonita lucha en el primer puesto entre Melissa Reid (19 torneos jugados) y Caroline Hedwall (20 participaciones), segunda y tercera en la lista respectivamente. Todo un ataque a sus propios intereses. Si hubiéramos visto los últimos torneos del año con ese duelo en juego, la audiencia y repercusión probablemente hubieran sido también mayores y el año que viene podría subir la cantidad destinada a premios de alguno de los patrocinadores.
Un círculo virtuoso que se rompe con una medida incomprensible. Unos cuantos años más así y el circuito podría pasar a ser una segunda división del LPGA Tour. Las mejores jugadoras europeas ganaron la Solheim Cup en 2011 y demostraron que pueden medirse a cualquiera, sin embargo, su circuito no ha hecho lo propio. El cambio parece una exigencia inminente.
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